El regreso de los abrazos
Después de un año de distancias sociales, de mascarillas y de codos como saludo, volvimos a abrazarnos. Fue de las cosas más emocionantes que nos pasaron como especie.
Hubo gente que lloró al abrazar por primera vez a sus padres después de meses. Otros, que siempre habían sido fríos, descubrieron que les hacía falta más de lo que pensaban.
Una pandemia nos enseñó, a golpe de privación, que el contacto físico no es un lujo. Es alimento básico. Tan básico como la comida, tan necesario como el sueño.
Si alguna buena lección nos dejó aquella etapa fue esa. No demos por supuestos los abrazos. Abracemos cuando toque abrazar, y un poco más. Que al otro le quede claro, sin necesidad de palabras, que estamos ahí y que lo queremos.