Archivo 2013

Frida Kahlo y la alquimia del dolor

Imagen ilustrativa de «Frida Kahlo y la alquimia del dolor»

Frida sufrió la polio a los seis años. A los dieciocho, un tranvía le partió la columna, la pelvis, la clavícula. Pasó meses inmóvil en una cama. Y allí, sin poder salir, aprendió a pintar.

Dicen que su obra es autobiográfica. Lo es, pero no sólo. Frida tomaba su dolor y lo convertía en algo que pudiera compartirse: un cuadro, una flor, un colibrí. Transformaba la herida en ofrenda.

«Pies, para qué los quiero si tengo alas para volar», escribió a los tres días de que le amputaran una pierna. Hay mucha gente que sufre menos y vive mucho menos. No es la cantidad de dolor lo que marca la diferencia. Es lo que hacemos con él.

Frida nos deja una lección que no por sabida es menos urgente: lo que te duele, míralo. Dale forma. Dale color. Pintálo o cuéntaselo a alguien. El dolor encerrado envenena. El dolor compartido empieza a curarse.