Sostener la mano
Las enfermeras de cuidados paliativos lo saben bien. Cuando las palabras ya no sirven, queda la mano. La mano que sostiene, en silencio, la del que se está yendo. La mano que acompaña.
Nadie les ha enseñado eso en la facultad. Lo han aprendido al lado de la cama. Y es probablemente lo más importante que hacen: estar ahí, tocando. Recordándole al cuerpo que todavía no está solo.
En la vida normal usamos poco la mano para acompañar. Hablamos mucho. Damos consejos que nadie pidió. Explicamos. Arreglamos. Propoemos soluciones. Y a menudo lo que haría falta es exactamente lo contrario: callarse y sostener la mano.
La próxima vez que estés con alguien que está mal, antes de decir nada, prueba con la mano. Nadar tiene su técnica. Escuchar, también. Sostener en silencio es una de las más difíciles y de las más curativas. Mucho más que cualquier palabra sabia.