Mirar pintura antigua
Hay una experiencia que está casi a la mano y que casi nadie hace. Entrar en un museo, elegir un solo cuadro, y mirarlo durante media hora. Sin moverse.
Al principio, los primeros cinco minutos, uno piensa que ya lo ha visto todo. Que es una escena religiosa, o un retrato, o una naturaleza muerta. Se aburre. Se distrae. Piensa en otras cosas.
Y entonces empieza a pasar algo. Aparecen detalles que no se veían. Una lágrima, una sombra, un libro abierto en una página concreta. Empiezas a preguntarte por el pintor, por el modelo, por el encargo. El cuadro empieza a hablarte.
Es una experiencia contemplativa tan profunda como la meditación o el paseo por el bosque. Y está en casi cualquier ciudad, esperando que entres y que elijas. Hazlo al menos una vez este año. Saldrás distinto.