Mary Oliver y la atención como oración
Mary Oliver, poeta norteamericana, tenía una costumbre diaria. Salía de su casa de madera, cruzaba el bosque, se sentaba en un tronco caído y miraba. Miraba una hora. Miraba dos. Luego volvía y escribía.
Su poesía es un largo catálogo de lo que miró. Cisnes, musgos, bandadas de gansos al amanecer, hormigas que cruzan un charco. Nada del otro mundo. Y todo.
«La atención es el inicio de la devoción», escribió en uno de sus ensayos. Una frase que podría estar en la entrada de cualquier templo. Mirar algo de verdad, sin prisa, es una forma de rezar.
Hoy, intenta pasar diez minutos mirando una sola cosa. Una hoja. Una taza. Una nube. Cualquier cosa. Sin tomar foto, sin pensar qué vas a decir de ella. Sólo mirar. Verás cómo la realidad se vuelve más jugosa, más densa, casi sagrada.