La compasión activa
La compasión, cuando es sólo emoción, se queda corta. Ver un noticiero difícil, sentir pena un rato y pasar a otra cosa no ayuda a nadie. Es casi una anestesia cortés.
Los monjes budistas distinguen entre compasión pasiva y compasión activa. La activa no se queda en el corazón. Baja a las manos. Hace algo, por pequeño que sea.
A veces es una donación. A veces una visita. Otras, un vaso de agua a un trabajador en la calle en agosto. Un mensaje a un amigo que está pasándolo mal. Una conversación más paciente con la persona difícil de la oficina.
No tiene que cambiar el mundo entero. Tiene que cambiar, un poquito, un lugar concreto. Mañana por la mañana, elige una situación donde puedas poner un gesto compasivo concreto. Y ponlo. No pases al siguiente tema hasta haberlo hecho.