Archivo 2020

Florecer en cuarentena

Imagen ilustrativa de «Florecer en cuarentena»

En marzo de 2020 el mundo entero se quedó dentro de casa. De pronto, los días se estiraron. Sin desplazamientos, sin reuniones, sin prisa del metro. Y algo curioso pasó: mucha gente descubrió, por accidente, cosas que llevaba años queriendo hacer.

Se volvieron a cocinar panes. Se recuperaron puzzles. Se escribieron cartas. Se hicieron videollamadas largas con la madre, de esas que en tiempos normales no ocurren por la agenda llena.

No fue, ni de lejos, una cuarentena idílica. Hubo miedo, duelos, soledad. Pero también hubo, al mismo tiempo, una revelación: vivíamos a un ritmo que no era necesario ni sostenible. Y a la mínima oportunidad, nos dimos cuenta.

De aquello, aunque ya casi nadie lo recuerde, habría que conservar algo. Una noche a la semana sin agenda. Una cena casera con velas. Una llamada larga, sin motivo. La vida lenta no era un invento de los libros de autoayuda; era una forma antigua de estar bien que habíamos olvidado.