Emily Dickinson, la poeta oculta
Emily Dickinson escribió cerca de mil ochocientos poemas. Publicó siete en vida, casi a escondidas. Vivía en Amherst, Massachusetts, encerrada en su habitación, vestida de blanco, escribiéndole cartas a la eternidad desde un pequeño escritorio.
Durante décadas la trataron como una rareza, una excéntrica. Hoy se la considera una de las voces más radicales y modernas de la literatura universal. Sus poemas son cortos, quebrados, urgentes.
Escribió de la muerte, del cielo raso, de una mosca atravesando la habitación en el momento de morir, del amor que se escapa. Pequeñas escenas cotidianas donde, de repente, el universo entero asoma la cabeza.
Su vida nos recuerda algo que a veces olvidamos: para hacer una obra importante no hacen falta viajes, editoriales, premios. Hace falta un lugar donde sentarse, silencio, y ganas. El resto viene sólo, aunque tarde siglos en descubrirse.