Despedirse con alegría
Sadhguru, un maestro espiritual indio contemporáneo, cuenta que cuando murió su padre, él y su hermana organizaron una fiesta en el hospital. Música, baile, flores. Las enfermeras estaban espantadas. Él explicaba: «Ha sido un buen hombre, ha vivido bien, se va. Lo celebramos».
La muerte, en casi todas las culturas tradicionales, no era silencio y flores blancas. Era música, canto, comida, historias de los vivos sobre los muertos. Los irlandeses lo llaman wake. Los mexicanos, con su Día de Muertos, quizá lo han conservado mejor que nadie.
Hemos medicalizado y privatizado el morir. Está bien tener paliativos y atención profesional. Pero a cambio hemos perdido el componente comunitario: la familia entera acompañando el paso, cantando, riendo entre lágrimas, haciendo de ese momento un tránsito y no una catástrofe.
Hablar de cómo te gustaría morir es todavía tabú. Hazlo, si te atreves, con los tuyos. Qué música te gustaría, qué ritos, quiénes alrededor. No es macabro: es cariño. Y ese día, cuando llegue, harás un regalo enorme a los que se queden: una despedida con algo de alegría, como un final bien escrito.