Los trenes lentos
Hay un movimiento que está creciendo en Europa y que se llama simplemente el «Slow Travel». Gente que prefiere los trenes lentos a los aviones. No por ahorrar carbono (aunque también). Sino porque el viaje, bien hecho, es parte del viaje.
En un AVE no hay paisaje. Pasa un borrón. En un tren de media distancia, en cambio, ves campos sembrados, pequeñas estaciones perdidas, ríos, vacas, pueblos del tamaño de un pañuelo. El viaje dura más. Pero te cuenta algo.
Con los aviones pasa lo mismo. Vuelas de Madrid a Ámsterdam en dos horas y llegas agotado, sin haber visto una pirámide, un alpe, un mar. Si hicieras el mismo trayecto por carretera en tres o cuatro días, llegarías cansado pero rico de imágenes.
No es una crítica al progreso. Es una invitación a recordar que a veces la ruta rápida no es la mejor. Que llegar no es el único objetivo. Que el camino cuenta. Sobre todo en una vida, que al final tampoco va a ser tan larga.