Vivir con incertidumbre
Abrimos los ojos una mañana y el mundo entero se paró. Marzo de 2020 nos enseñó que todo lo que dábamos por seguro puede cambiar en una semana: planes, trabajo, contactos, salud, rutinas.
Pero la incertidumbre, bien mirada, no es un estado excepcional. Es la condición normal de la vida. Lo excepcional era nuestra ilusión de control.
Los estoicos lo sabían: premeditatio malorum, la práctica de imaginar, sin dramatismo, que las cosas pueden torcerse. No para vivir con miedo, sino para agradecer, mientras duran, las que van bien.
El camino nunca estuvo iluminado del todo. La diferencia la marca quien aprende a caminar en la niebla confiando en el siguiente paso. Un paso. Otro. Y otro más. Eso también es fe.