El arte de la paciencia
Paciencia, decían los antiguos, es una forma de valentía. No la de la espera pasiva, sino la de quien sabe que algunas cosas, para ocurrir bien, necesitan su tiempo.
Queremos el pan sin haber sembrado el trigo. Queremos la cosecha sin haber regado. Y luego nos sorprendemos de que lo que viene rápido se va igual de deprisa.
El Tao Te Ching, escrito hace más de dos mil años, lo decía así: “La naturaleza no se apresura, y sin embargo todo se cumple”. El agua, persistente y tranquila, acaba puliendo la piedra.
En tu vida, hay cosas que llevan su tiempo: la confianza, la amistad, el duelo, el aprendizaje de un oficio, la curación de una herida. Cuando sientas prisa, vuelve a esa frase del Tao. Es una brújula.