El poder de las palabras
En casi todas las tradiciones sagradas, el mundo empieza con una palabra. «En el principio era el Verbo», dice el evangelio de Juan. Los maoríes cantan un génesis parecido. Los egipcios creían que el dios Ptah había nombrado las cosas para hacerlas existir.
Llevamos milenios intuyendo lo mismo: las palabras crean realidad. Lo que nos decimos, lo que le decimos a los demás, lo que escuchamos en la radio o en la red, moldea poco a poco nuestra forma de mirar.
Por eso importa tanto elegir las palabras con cuidado. Decir «no puedo» enferma distinto que decir «aún no sé cómo». Decir «me ha tocado» pesa distinto que decir «he decidido». Y no son matices retóricos: son atajos neurológicos.
Hoy, por ejemplo, prueba este pequeño ejercicio. Durante una hora, no uses ni una sola queja. Ni en voz alta ni para ti. Verás cómo cambia el color del aire.